En la primera parte vimos el cerramiento que se mueve: motores ocultos, protocolos como Matter y KNX, protección solar automática. Ahora toca lo menos visible: el vidrio que regula por sí mismo la luz y el calor, la envolvente que genera energía y una normativa europea que empieza a poner nota a todo esto.
El acristalamiento electrocrómico cambia de tonalidad al aplicarle una corriente de muy bajo voltaje. Pasa de transparente a oscurecido de forma gradual, controlando el deslumbramiento y la ganancia solar sin persiana ni estor, y manteniendo la visión al exterior.
Saint-Gobain cifra para su gama SageGlass reducciones en torno al 20 % en la carga de refrigeración y de hasta el 30 % en las necesidades de climatización. Existen además soluciones termocrómicas y fotocrómicas, que reaccionan al calor o a la luz sin instalación eléctrica.
Hoy se ve sobre todo en terciario, hoteles y vivienda de alto nivel, pero el precio baja cada año. Y es justo el tipo de solución que encaja en una isla con veranos largos: aprovechar la luz natural sin pagarla en sobrecalentamiento.
El vidrio fotovoltaico integrado en edificación (BIPV) incorpora células solares dentro del propio acristalamiento. La española Onyx Solar, uno de los referentes mundiales, acumula más de 500 proyectos en 60 países, en lucernarios, pérgolas, marquesinas, muros cortina y ventanas, con opciones de célula oculta que no alteran la estética del conjunto.
En vivienda unifamiliar lo más realista hoy son cubiertas de pérgola y cerramientos de terraza. Un techo de cristal que da sombra y produce electricidad ya es un producto instalable, no un prototipo.
La otra línea de avance es la ventana como punto de medida. Sensores de temperatura, humedad, CO₂ y compuestos orgánicos volátiles permiten abrir para ventilar cuando la calidad del aire empeora, activar la ventilación nocturna en verano o cerrar automáticamente ante lluvia o viento fuerte.
Es especialmente útil en segunda residencia: saber desde el móvil si ha quedado una ventana abierta o programar la casa para que se ventile sola los meses que está vacía.
La Directiva europea 2024/1275 de eficiencia energética de los edificios ha introducido el indicador de preparación para aplicaciones inteligentes (SRI), que evalúa la capacidad de un edificio para usar tecnologías inteligentes, optimizar su rendimiento energético y responder a sus ocupantes.
Su aplicación es de momento voluntaria y España está en fase de pruebas, coordinada por el Ministerio para la Transición Ecológica con el CENER. Pero la directiva fija el 30 de junio de 2027 como límite para que la Comisión complete su exigencia en edificios no residenciales de más de 290 kW. La dirección es inequívoca: la automatización dejará de ser un extra para formar parte de cómo se mide un edificio.
En un entorno marino como el nuestro hay un factor que no aparece en los catálogos: la corrosión. Los lacados con clasificación Qualicoat Seaside, con un decapado más profundo, están pensados para carpintería expuesta a ambientes salinos, y esa misma exigencia debe aplicarse a motores, herrajes y electrónica.
Incorporar tecnología en un cerramiento solo tiene sentido si el cerramiento va a durar. Ese es el criterio con el que seleccionamos sistemas y asesoramos proyecto a proyecto sobre qué merece la pena integrar y qué no.
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